Libelos de sangre: el odio a los judíos convertido en arte

Libelos de sangre: el odio a los judíos convertido en arte

 Manuscrito renacentista representando un libelo de sangre | Crédito: Wikipedia.
Por Javier García Blanco


Durante la Edad Media, iglesias y catedrales de toda Europa comenzaron a rendir culto a una serie de niños que, pese a la distancia geográfica y temporal, tenían muchos puntos en común: todos ellos eran mártires y, según las tradiciones piadosas, todos habían perdido la vida de forma horrible, como víctimas de sangrientos sacrificios humanos perpetrados por las comunidades judías.


Esta curiosa creencia, cuyo culto todavía sigue vivo en algunas ciudades europeas, carecía de base real, pero durante siglos fue considerada cierta en toda Europa. Los relatos, que se extendían como la pólvora por las ciudades de todo el continente, eran siempre muy similares, y apenas variaban en pequeños detalles: los niños eran secuestrados por grupos de judíos, quienes los ocultaban durante un tiempo antes de sacrificarlos en aterradores rituales de sangre que tenían lugar durante la Pascua Judía.


Estos supuestos ritos judíos incluían la tortura de los niños, su crucifixión –para recordar la muerte de Cristo en la cruz–, y a menudo el desmembramiento de sus pequeños cuerpos. Más tarde, con la sangre de las víctimas, los judíos se dedicarían a profanar las hostias consagradas de la eucaristía en templos cristianos de toda la ciudad.


Estas calumnias, conocidas como libelos de sangre, eran totalmente falsas, pero fueron aprovechadas para encauzar el odio a los judíos de toda Europa y, en muchos casos, tuvieron como consecuencia la expulsión de los mismos en algunos países, como sucedió en 1290 en Inglaterra.


En realidad, estas difamaciones sobre presuntas prácticas criminales judías se remontaban a la Antigüedad, pues ya algunos autores de época griega y romana se hacen eco de acusaciones semejantes. Sin embargo, fue en la Edad Media cuando los libelos de sangre se convirtieron en moneda común, propagándose por toda Europa y dando lugar a nuevos cultos con niños como protagonistas, que muchas veces acabaron siendo declarados santos por la propia Iglesia.

Pintura representando el supuesto sacrificio de Guillermo de Norwich | Crédito: Wikipedia.
 El caso más antiguo del que se tiene constancia en Europa es el del pequeño Guillermo de Norwich, un niño de 12 años que según los rumores, había sido asesinado en 1144 por la comunidad judía de la localidad inglesa. Tras difundirse el bulo de su muerte a manos de los judíos, Guillermo fue declarado mártir, iniciándose su culto en la ciudad. El relato sobre el supuesto crimen se hizo famoso a través de ‘La vida y milagros de Guillermo de Norwich’, una obra en latín escrita por el monje benedictino Thomas de Monmouth.


Aunque en la actualidad su culto ya no está reconocido por la Iglesia –pues su canonización fue paralizada por la Congregación para las Causas de los Santos–, en Norfolk se conservan algunas obras de arte en las que se refleja el falso sacrificio del niño a manos de los judíos, como puede comprobarse en una pintura conservada en la iglesia de la Santísima Trinidad de Loddon.


En España, el primer libelo de sangre conocido tuvo lugar en Zaragoza en 1250, con la figura deDominguito de Val –un niño de 7 años– como protagonista. De nuevo, y siempre según los relatos piadosos, el niño habría sido secuestrado y asesinado por un grupo de judíos locales, que pretendían reproducir con su cuerpo la Pasión de Cristo: lo crucificaron en una cruz, y más tarde le decapitaron y enterraron su cuerpo a orillas del Ebro.


Por su condición de monaguillo e infante del coro en la catedral de San Salvador, Dominguito acabó convertido en patrón de los monaguillos de la ciudad, y se inició el proceso para su canonización. Curiosamente, y aunque los hechos supuestamente tuvieron lugar en 1250, las primeras referencias históricas que se conservan al respecto datan de 1583 –más de trescientos años después–, lo que indica que la historia se copió de otros libelos que circulaban por entonces en otros países.
Pese a todo, la historia cuajó bien entre la sociedad zaragozana de la época, y la catedral de La Seo destinó una de sus capillas al culto a Santo Dominguito –que todavía existe hoy–, y en la que la tradición ubica las reliquias del pequeño mártir. En 1965, sin embargo, la Iglesia de Roma suprimió el culto al infante, al considerar falsa la historia.


Aunque puedan parecer historias del pasado, lo cierto es que los libelos de sangre, y en especial las obras de arte que los relatan, siguen generando controversia en la actualidad. Este mismo año, por ejemplo, se produjo una gran polémica en Polonia, cuando la comunidad judía de la ciudad dePoznań manifestó sus quejas por la presencia de un fresco “antisemita” en la catedral de la Sagrada Sangre de Cristo.

Pintura de un libelo de sangre en la catedral de Sandomierz (Polonia) | Crédito: Wikipedia.


Pintura de un libelo de sangre en la catedral de Sandomierz (Polonia) | Crédito: Wikipedia.
El fresco en cuestión es una obra del siglo XVII realizada por el monje franciscano Adam Swach, y en ella se representan los supuestos rituales de sangre judíos en los que se profanaban las sagradas formas de la eucaristía.
También este mismo año, en el mes de enero, se produjo una polémica similar en otra ciudad polaca,Sandomierz, después de que se mostrara de nuevo al público una pintura similar, en la que un grupo de judíos daba muerte a varios niños cristianos. Aunque un cartel situado junto a la pintura informa a los visitantes de que la escena es falsa, el malestar de la comunidad judía polaca se hizo patente en los medios de comunicación.


En definitiva, todas estas insólitas representaciones son excelente testimonio del odio y la persecución que ha sufrido el pueblo judío durante siglos y que, como podemos comprobar, se manifestó incluso a través de las obras de arte.

 

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